Una nueva forma de entender la democracia está arraigando en la sociedad vasca

La relación de la ciudadanía vasca con la democracia está en plena evolución, sobre todo entre la juventud. La democracia es un valor básico e insustituible para quienes vivieron la Dictadura; sin embargo, las y los jóvenes tienen una visión más pragmática y su confianza en ella depende de los resultados que ofrece. Los expertos advierten que, si no se adapta a las nuevas circunstancias. la democracia puede debilitarse y quedar expuesta ante al autoritarismo. Por ello, han planteado unas propuestas para responder eficazmente a este cambio social.

Tras preguntar a la ciudadanía vasca si siguen creyendo en la democracia, la mayoría cree que es el mejor sistema. Sin embargo, las nuevas generaciones han roto con el enfoque tradicional: valoran la democracia solo si presenta resultados tangibles e inmediatos. Si no perciben beneficios individuales a corto plazo en aspectos como la vivienda, la salud, la educación o la obtención de un trabajo digno, ponen en tela de juicio la confianza que tienen depositada en la democracia.

Esta mentalidad utilitarista de la juventud choca con la profunda e incondicional adhesión a la democracia de las generaciones anteriores, que entienden la democracia como un legado, ya que muchos los valores que en la cultura política vasca se relacionan con la democracia surgieron de la resistencia al franquismo y a otros autoritarismos. Sin embargo, actualmente predomina la sensación de que quienes ostentan el poder solo se acuerdan de la ciudadanía cuando necesitan sus votos y, por tanto, los ciudadanos hacen ese mismo uso utilitarista de la democracia, favoreciendo sus propios intereses.

El contexto socioeconómico global actual ha reforzado las nuevas actitudes: el neoliberalismo y la era digital ensalzan sin cesar el consumo, el individualismo y la celeridad, y la gente joven concibe la democracia como un mecanismo de solución rápida de los problemas.

La ciudadanía, sobre todo la más joven, está evolucionando desde una perspectiva basada en valores a una basada en resultados y efectividad

Este cambio que se está produciendo en las generaciones jóvenes no implica necesariamente una pérdida de compromiso político. La juventud no está despolitizada, pero ha cambiado la forma de canalizar sus reivindicaciones (practican el activismo digital a través de las redes sociales). Sin embargo, cuando ven en su entorno la efectividad aparente de otros modelos de gobernanza, como los regímenes tecnocráticos, se muestran poco pacientes ante procesos democráticos complejos y largos.

Así pues, el modelo democrático arraigado en la sociedad vasca se está debilitando y está surgiendo una nueva cultura democrática en un campo de juego con tres protagonistas: movimientos nacionalistas, jóvenes de nuevas generaciones y tendencias tecnocráticas internacionales globales.

La necesidad de nuevos métodos

Los investigadores advierten de los riesgos que conllevan las nuevas tendencias. Por un lado, pueden contribuir a que las organizaciones sean más eficientes, pero, cuando no se alcanzan resultados instantáneamente, existe un alto riesgo de deslegitimación y debilitamiento de la democracia, lo que, según los investigadores, constituye terreno fértil para ideologías partidarias del autoritarismo.

Para que la democracia sobreviva, es necesario adaptarse al contexto actual. Los investigadores consideran que la nueva democracia debe combinar estos tres elementos: (i) desarrollo de unos sólidos valores comunitarios en la sociedad, (ii) obtención de resultados reales y prácticos, y (iii) participación real de los ciudadanos, que vaya mucho más allá del mecanismo tradicional de la emisión del voto en periodo electoral. La cultura democrática se encuentra, por tanto, en una encrucijada.


AUTORÍA DEL ARTÍCULO

Ekai Txapartegi Zumeta, Luken Carbayeda Urruzola, Ion Arrieta Valero, Laida Arbizu Aguirre, Eñaut Goñi Echeverria, Antonio Casado da Rocha